Formar docentes que juegan. Julia Goldberg y Diego Larrigaudiere

XXVII Congreso Pedagógico 2022.  

“Hoy sentí que fue como el día que vino Messi a la escuela. Porque estuve a punto de faltar y me moría si me lo perdía.” Estudiante, en el turno mañana del Profesorado de Enseñanza Primaria de Lugano (ENS 3), después de un encuentro entre el taller de juego y el taller 2 de las prácticas profesionales. 

“Acá me relajo, siento que puedo ser yo.” Estudiante, durante un juego de mesa, en el turno vespertino del Profesorado de Educación Primaria, ENS 3 de San Telmo. 

“Sabés hace cuánto no me hago una frutilla en la rodilla profe, dejame disfrutarla.” Estudiante. Durante una clase de juegos de persecución en el patio del profesorado del ENS 1 (Recoleta).

“En la clase de juego lxs invisibles, lxs que quizá no hablamos mucho, acá aparecemos.” Estudiante, ENS 3, Lugano. 

En los Institutos de Formación Docente, el juego es contenido curricular para el Nivel Inicial, en una materia teórica y otra práctica. En el profesorado de Lenguas Extranjeras es una materia cuatrimestral, y en el caso del Nivel Primario, la formación en juego se encuadra en los Espacios de Definición Institucional (EDI): horas cátedras que se cubren según las necesidades e intereses de la comunidad. Elegimos compartir la experiencia de formar a docentes que juegan, para hablar del proceso que viven lxs estudiantes, pero también porque jugar en la escuela e incluir el juego en la formación, lleva intrínseco el anhelo de construir la escuela que queremos habitar, y la comunidad que queremos ser.  Aprender a jugar Jugar en la formación docente es abrir un tiempo y espacio distinto del tiempo habitual, se corren los bancos, se pone el cuerpo en juego. Se habilita la mirada, la escucha, pasamos del otro lado del espejo donde, al decir de Graciela Scheines, “la identidad se quiebra, aparece en fragmentos reiterados de uno mismo. La subjetividad se expande y se multiplica, como conejos saliendo uno tras otro de una galera infinita” (Scheines, 2017). Jugar construye una relación distinta con el docente y entre pares. Aparece el juego en su dimensión pedagógica y política, desplegando otras formas posibles de la experiencia y el aprendizaje. Se aprende pasando la experiencia por el cuerpo, haciendo de la vivencia el espacio de reflexión y construcción teórica. La formación en juego implica un proceso que va de la heteronomía a la autonomía. Lxs estudiantes adquieren mayor protagonismo y participación a medida que avanza el cuatrimestre, donde lo grupal deviene sostén del aprendizaje. 

 

Jugar para humanizar la escuela. Es necesario revisar los modos en que la escuela es habitada, y jugar puede ser una forma de hacerlo. Dadas las condiciones para el juego, las voces, los cuerpos, las miradas y las emociones se hacen presentes favoreciendo el encuentro, los vínculos y la pertenencia a la comunidad educativa. Lo cotidiano escolar se transforma en un lugar que alberga: nadie pase desapercibido. A través, en y mediante el juego, se construyen espacios que recuperan y fortalecen lo humano del vínculo pedagógico. Se da lugar a relaciones, otras, que encuentran sostén en el marco del juego, facilitando lo espontáneo de cada unx. Jugar puede ser una práctica o un hábito que enmarque los procesos de aprendizaje, mejorando la calidad de los intercambios dentro del aula. Jugar es una experiencia transformadora en sí misma, que promueve condiciones favorables para estar en la escuela. Este taller me ayudó a dejar de lado mi timidez, y jugar con compañeros y compañeras que no conocía, y a darme permiso de divertirme en plena cursada. Me llevo una experiencia completamente distinta de todo lo que aprendo en esta carrera y, por supuesto, muchas ganas de seguir jugando dentro y fuera del aula. Estudiante, ENS 1. Jugar transforma; en palabras de Jorge Larrosa, solamente un sujeto expuesto es un sujeto de experiencia (Skliar y Larrosa, 2009). El juego brinda la posibilidad de exponerse, mostrarse, ponerse en riesgo, en un marco de contención, sin peligro por el costo que ello conlleva porque “estamos jugando”. El juego puede ser una red de protección que habilita ensayar una y otra vez lo difícil, lo desconocido, sabiendo que, en caso de errar, la red nos sostiene. El juego es el marco propicio para que las personas se muestren, se expongan a ser con lxs otrxs, la otredad necesaria para el aprendizaje, fuente del entramado de lo plural y lo singular, lo propio y lo ajeno, lo conocido y lo extraño. Mostrarse, ser parte de, ser protagonista y sentirse incluidx, son condiciones fundamentales para construir grupalidad. n ¿Qué pasa con el juego en la escuela? ¿Se juega? La vivencia que traen lxs estudiantes-futuros docentes vinculada al juego en la escuela siempre se acota al recreo, un tiempo vivido con apuro y con urgencia, un tiempo hiper deseado, que se vive desde la descarga, en la lógica de la compensación al tiempo del aula. Es el tiempo de la inmediatez y el caos. El jugar en el recreo se desarrolla en un espacio parcializado en función de la grupalidad y el espacio donde se despliega: pasillo, pared, arco, baldosas, mástil, escalones, recovecos. El juego en el recreo es lo que pasa entre una hora de clase y la otra: En el patio, frente al mástil, un grupo de niñxs juega plants versus zombies, el sonido del timbre marca la pausa. Lxs jugadores “congelan” la escena para retomar desde el instante donde dejaron, cuando la campana vuelva a sonar. El juego en la escuela es portado por las infancias de un modo clandestino. Se juega en el intersticio. Hay juego en el guardapolvo: en los tesoros que traen de las casas o de la calle. Hay juego esperando el reto en la dirección. Hay juego en el niñx cuando sale al baño e intenta tocar la campana. Hay juego en el niñx que no quiere entrar y se esconde detrás de su mapadre, hay juego en los traslados, hay juego en el desayuno, en la entrada y en la salida, hay juego cuando le docente se da vuelta, hay juego cuando la familia llega a la escuela.

Sin embargo, cuando el juego llega a manos adultas, deviene en pérdida de tiempo que roba tiempo productivo, o es un bien de intercambio y recompensa. El juego supervisado se encorseta y se normativiza: se puede jugar en un determinado tiempo y espacio, determinados juegos. También el juego en la escuela es la mancha, la rayuela, saltar la soga, juntar piedritas para jugar a la payana. Jugar en la escuela es ser comunidad y legado, es compartir los bienes comunes. Entre el enseñar y el jugar, cuando el docente quiere jugar, muchas veces disfraza el contenido en un juego. Son los famosos “juegos para aprender”, en los cuales lx docente participa sin involucrarse, sin jugarse, buscando en esas escenas de juego la evaluación de un contenido disciplinar. Durante la pandemia, la maestra de sala de 5 envía un link para jugar al dominó de letras. Juan empieza a jugar con su mamá. En medio de la actividad, se detiene y dice: “Pero esto no es para jugar, esto es para aprender”. El juego es utilizado por la educación y va dejando de ser juego. La característica más genuina del juego es la implicancia de la voluntad para jugar, la posibilidad de que se puede elegir hacerlo o no. (…) Aquí no está ese permiso, el juego es una tarea, un ejercicio, un trabajo, un buen engaño para introducir en esos seres llamados alumnos, saberes ajenos que ni siquiera son requeridos ni deseados por ellos” (Garzón, 2016, 12). 

En la escuela se juega en días permitidos: el día de la primavera, día de las infancias, el campamento, la salida didáctica. No se juega porque sí, no se juega porque hay deseo. Las infancias juegan a pesar de, juegan con el espacio, juegan para distraerse y juegan para asimilar. Juegan para conocer lo propio y lo otro: juegan para armar sus propias narraciones. “Jugando el niño se desarrolla, es feliz, crece. (…) Jugando crea lazos para acercarse a lo conocido y a lo extraño. Por eso aprende de él y de los otros. Por eso jugando mira más, escucha más, siente más” (Grupo de Maestrxs Luis Iglesias, 2016, p. 9). 

Jugar para crear ambiente/marco

“Cuando jugamos es el momento más feliz de los chicos en la escuela, es el momento en que se relajan, se ríen, disfrutan, y nos miran a los docentes de otra manera, nos quieren, se divierten con nosotros”. Alumna, ENS 11. 

Pensar el juego en relación con el marco de enseñanza-aprendizaje, no tiene que ver con el contenido disciplinar, sino con las condiciones para que el aprendizaje se pueda dar. Cómo se generan las instancias de aprendizaje significativo en la que lxs estudiantes sean protagonistas. Sostenemos que lo lúdico implica lo humano, lo afectivo, lo ético y lo estético. Mejorar la calidad de lo ambiental, las condiciones para, abre el juego para que el aprendizaje tenga lugar, construye un terreno fértil. A diferencia de otras asignaturas, en el taller recurrentemente trabajamos todos juntos. 

“No es habitual reconocer la mayoría de los nombres de los compañeros de clase, establecer un vínculo con el resto de los alumnos, pero durante el EDI de juego el contacto con el otro era recurrente y continuo, logrando fomentar la unión del grupo y el compañerismo.” Estudiante, ENS 1. 

Nos preguntamos cuáles son las estrategias de las que disponen lxs docentes para transformar lo grupal en un clima de permiso y confianza, una grupalidad que contenga y habilite a todxs por igual, para que haya lugar al diálogo, a decirse sin ofenderse, aceptar que no se está de acuerdo y sostener el diálogo, escuchar lo diferente sin querer imponer opiniones. 

“Nadie te explica cómo tratar con chicos, cómo entenderlos, cómo acompañarlos y esta materia es mucho más que eso, te abre la mente hacia muchas cosas. Haciendo mi taller 4, me tocó un séptimo muy complicado y ante una situación compleja, propuse un juego y todo cambió, los chicos, el ambiente…” Alumna, ENS 11. 

Jugar favorece la enseñanza: 

 Estamos convencides de que el jugar ayuda a construir las condiciones sociales y afectivas para que lo grupal sea un territorio de aprendizaje colectivo y diverso, espacio de diálogo y discusión, lugar de respeto y escucha. Para jugar necesariamente se debe acordar y sostener el acuerdo, jugar es someterse a las reglas de juego que contiene a todes les jugadores por igual. La pregunta que nos hacemos es: ¿les docentes juegan? 

Docentes jugando: 

Formar a docentes que jueguen es formar en las convicciones y los argumentos claros de que jugar es una propuesta pedagógica, que es tarea propia de las escuelas facilitar y habilitar el jugar en todas sus formas. Formar docentes que comprendan que la grupalidad se construye y se reconstruye a partir del hacer docente y no es algo inamovible, que la escuela puede ser también un lugar de disfrute y que para enseñar es necesario construir el ambiente adecuado. Formar docentes que se den el permiso, que superen los mandatos del ser docente, que se animen a resignificar los modos en que se construye la autoridad y se sostienen los vínculos. Formamos docentes que juegan porque las transformaciones comienzan modificando la práctica. Si queremos que la escuela se transforme, es necesario intervenir en lo cotidiano, en el ser y hacer docente. Formar docentes que juegan es una apuesta pedagógica, una acción al futuro. Formar docentes que se juegan por una escuela democrática, que construye ciudadanía, que hace de la libertad una responsabilidad colectiva y un horizonte común. Construir una escuela donde haya lugar para el disfrute que habita y se transforma día a día. Para cerrar este recorrido, traemos la voz de un estudiante del EDI de Juego en la Educación Primaria. En sus palabras aparece el pasado recuperado y valorado por la materia, donde el juego era la normalidad, el tesoro identitario en el que se construye la infancia. La contraposición con la vida adulta donde “lo serio” quita lugar al juego: “los años, la madurez, los hijos, las responsabilidades, a veces nos alejan de aquellos años felices donde el juego era el protagonista principal”. El relato logra captar la esencia del juego, ese tiempo y espacio distinto del tiempo y del espacio común, el lugar al que podemos volver, por más lejos que nos hayamos ido: “Porque cuando se la pasa bien, cuando hay disfrute, uno se quiere quedar, quiere volver”. Creemos firmemente que debemos construir una escuela en la que querramos estar, a la que se quiera volver, donde haya lugar para el disfrute y el aprendizaje, para aprender disfrutando, haciendo del transitar la escuela una experiencia transformadora: aquí les dejamos la puerta abierta.

Abrir la puerta para ir a jugar (…)

 Se rie el niño dormido

 Quizás se sienta gorrión esta vez 

Jugueteando inquieto en los jardines de un lugar

 Que jamás despierto encontrará 

Que nadie, nadie despierte al niño

Déjenlo que siga soñando felicidad 

Destruyendo trapos de lustrar 

Alejándose de todo el mal. 

Luis Alberto Spinetta, “Plegaria para un niño dormido”

 Alguna vez escuché a Dolina decir algo así como que uno puede hacer cosas para modificar el futuro, incluso el presente; pero lo que nunca podrá es cambiar el pasado. Podemos pensar qué hacemos en adelante con sus cosas malas, más nunca cambiarlo, modificarlo. Lo vivido, vivido está y si no hemos tenido una infancia alegre, ya no la podemos cambiar. Yo agradezco haber tenido una infancia feliz. Sin embargo los años, la madurez, los hijos, las responsabilidades, a veces nos alejan de aquellos años felices donde el juego era el protagonista principal. Comencé este viaje del profesorado el cuatrimestre pasado, un poco en busca de nuevos rumbos, un poco para acomodar las cosas; y el contacto con el ámbito escolar fue movilizando, sensibilizando emociones de esos años de infancia lúdica. Pero particularmente la travesía por este taller de juego en el verano tocó algo más dejando una sensación amarga, algo así como cuando a uno lo venían a buscar temprano a un cumpleaños donde la estaba pasando genial, dejando toda esa felicidad con gusto a poco, con ganas de más, con ganas de volver a ese lugar. Porque cuando se la pasa bien, cuando hay disfrute, uno se quiere quedar, quiere volver. Me pregunto ¿qué fibras habrá tocado este taller para dejarme con la sensación de haber agarrado la sortija pero que la vuelta fue corta?, ¿qué fue lo que tocó? El timbre tocó. El timbre de casa cuando pasaba Maxi, Christian o Leo a buscarme para jugar a la pelota relatando que somos Maradona o Fillol, para jugar a la escondida, para salir a andar los diez días en bicicleta o jugar al básquet en el balcón francés de la puerta de mi abuela. El taller de juego pasó a buscar mi infancia, mi mundo interno, fue un amigo, un compinche más que vino a invitarme a jugar, para pasarla bien, para atrapar la realidad y hacer con ella lo que nos plazca, para aprender y compartir un mundo ficcional y ser felices juntos porque el juego es un derecho. El taller de juego jugó conmigo, y yo con él y con las compañeras y los compañeros. Animó a nuestra creatividad y deshizo el prejuicio de que el juego es para los niños o solo para momentos de recreo. Mi niño y yo nos volvimos a encontrar y eso no es poco. Es más, saldremos juntos esta noche a jugar ring raje, a tocar los timbres de aquellos que quieran sumarse a jugar y divertirse, tanto, que quieran volver. Porque, como dice don Armando Tejada Gomez, “uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”.

Referencias bibliográficas: 

– Garzón, Gabriel, “La educación en juego”, Revista Para Juanito, Buenos Aires, Lasalle, 2016.

– Grupo de Maestrxs Luis Iglesias, Atrapar la realidad con osadía, Buenos Aires, Lasalle, 2016.

– Scheines, Graciela, Juegos inocentes, juegos terribles, Buenos Aires, Espíritu Guerrero, 2017.

– Skliar, C. y Larrosa, J. Experiencia y alteridad en educación, Buenos Aires, Homo Sapiens, 2009.

 

Julia Goldberg

Licenciada en Educación, Profesora en Enseñanza Primaria, Técnica en Tiempo Libre y Recreación, Especializada en Educación por el Arte, Diplomada en Psicomotricidad y Educación y en Políticas e Instituciones Educativas con Enfoque de Género. Actualmente se desempeña como Profesora en Institutos de Formación Docente en Juego (ENS 3, 4, 11, JVG) y en el Postítulo de Especialización en Juego en Contextos Educativos de la ENS 

Diego Larrigaudiere

Profesor de Educación Física, Maestro de Nivel Inicial especializado en Psicomotricidad y Juego. Actualmente se desempeña como Profesor en Formación Docente en Juego y Educación Física en profesorados de CABA (ENS 1, 3, 8, 11, ISPEI S. Eccleston). Ex coordinador del Postítulo de Especialización en Juego en Contextos Educativos de la ENS N°4. Profesor en Talleres de Prácticas Profesionales en el ISEF Romero Brest.