Acuña usa el Ministerio de Educación como plataforma electoral y agrede a la docencia para tapar el fracaso de las burbujas educativas

Rechazamos y repudiamos las declaraciones realizadas por la Ministra de Educación de la Ciudad Soledad Acuña durante la entrevista pública en el marco del ciclo “Un café con Iglesias”.
A lo largo de toda la charla, la funcionaria hizo explícito su desprecio por quienes llevan adelante la tarea cotidiana de enseñar y dejó expuesto el programa educativo de la derecha en la Ciudad, en línea con muchas de las medidas que adopta Jair Bolsonaro en Brasil.
En el zoom que trascendió siete días después de su realización, Acuña asumió el lugar de “patrona” a quienes sus empleados deben obedecer sin cuestionar, responsabilizó a toda la docencia de la Ciudad por las falencias del sistema educativo y convocó a las familias a denunciar docentes.
Espían como lo hicieron con Ciro James, con el “Fino” Palacios, con el 0800-Buchón y hasta con las familias de los 44 submarinistas muertos en el ARA San Juan. Una vez más intentan enfrentar a docentes con familias e incitan y fomentan una “caza de brujas” en prácticas oscurantistas propias de otras épocas.
La persecución es una práctica habitual en cada una de sus gestiones. Lo hicieron cuando le pedían a los rectores que enviaran a las comisarías las listas de las y los estudiantes que reclamaban mejoras edilicias. Lo hacen con las cooperadoras escolares que no les gustan, como en el caso de la Escuela “Álvarez Thomas” y lo repiten cuando pretenden cerrar 40 secundarios nocturnos o los 29 Profesorados.
La Ministra cuestiona nuevamente los contenidos socialmente significativos del diseño curricular que pretende reformar, resaltando que los docentes están “mal formados” y que “bajan línea en lugar de enseñar”. Responsabilizan a las organizaciones sindicales de ser obstaculizadores de las prácticas educativas y de impedir de forma violenta cualquier transformación.
Como si esto fuera poco, Acuña también dedicó varios minutos a la “falta de formación” de las y los docentes y a su supuesto fracaso en otras carreras, poniendo de manifiesto su discurso clasista y misógino con quienes estudian en los Profesorados que ella dice querer jerarquizar. Pone el acento en el origen social de docentes y estudiantes, que “carentes de capital cultural nunca llegarán a la universidad”.
Habla de una economía con perspectiva de géneros mientras mantiene congeladas desde hace 8 años las asignaciones familiares y no construye escuelas infantiles para que las hijas y los hijos de las mujeres trabajadoras puedan tener acceso igualitario a la educación y al trabajo.
La Ministra no asume ninguna responsabilidad: nada dice acerca de la falta de inversión, de la baja sistemática del presupuesto educativo, de los graves problemas de infraestructura, de la falta de vacantes, del intento de cierre de escuelas, o del recorte de los programas socioeducativos, entre otros tantos aspectos de su gestión. Tampoco se cuestiona la falta de incentivo a la carrera docente y la precarización del sistema impulsada durante los años que lleva al frente del Ministerio de Educación porteño.
Larreta y Acuña viven en campaña, ocultan el fracaso de las burbujas educativas y la falta de apoyo para iniciar las clases el 17 de febrero, poniendo el marketing y las mentiras mediáticas por encima de educación y la salud.
Hablan como gerentes de una comunidad educativa a la que maltratan, espían y persiguen desde hace 13 años y a la que odian por no poder doblegarla.
Descalifican con frases como “las clases empiezan en noviembre” cuando comenzaron efectivamente en marzo y se sostienen a distancia, en un contexto de pandemia, con un gran esfuerzo y profesionalismo docente y una gran participación y apoyo de la comunidad educativa.
Maltratan como lo hicieron con los 6.500 estudiantes, a quienes les negaron sistemáticamente las computadoras para que tengan que ir a los patios escolares, apenas protegidos por sombrillas, y expuestos a las cámaras y micrófonos de los medios de comunicación. Maltratan como maltrataron a Favaloro y como maltratan hoy a los médicos y a las enfermeras, a quienes les desconocen el título y la pertenencia a la carrera profesional.
La gesta educativa llevada adelante por docentes y familias que debieron reinventarse con sus propios recursos para poder sostener la continuidad pedagógica es invisibilizada por quien solo pretende utilizar la palabra Educación como trampolín de su propia carrera política.

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