La desinversión en materia educativa es la característica de los gobiernos de Macri y Larreta en la CABA. Por otra parte, inundan e inundaron a las escuelas con diferentes evaluaciones de manera errática, desconectadas de los proyectos y procesos que cada institución realiza, poniendo el centro en la medición de los aprendizajes, en lugar hacer centro en los procesos de enseñanza.  Han evaluado mucho, sin poner igual énfasis en la infraestructura escolar, el equipamiento, la capacitación y/o la mejora de salario docente. Sin poner énfasis, siquiera, en conocer y publicar estadísticas y estudios sobre el estado de estas cuestiones.

En este contexto, el Ministerio de Educación de la CABA propone aplicar una prueba en tercer año de la secundaria llamada TESBA que pretende mensurar aspectos de la calidad de la educación.

Desde la UTE señalamos a las autoridades que primero es necesario definir la calidad educativa que no es otra cosa que un atributo del derecho a la educación. Ello nos impone colocar  en el centro del debate la política educativa y la pregunta sobre el sentido de la educación.  Resulta llamativo que, después de seis años de existencia de evaluaciones propias de la Ciudad, no se hayan difundido resultados de las pruebas en cuanto a cuestiones cruciales: la calidad de los recursos educativos que el GCABA asigna a las escuelas públicas, la equidad y la universalidad en esa asignación, la evolución de la desigualdad social en la posibilidad de hacer aprendizajes socialmente significativos en la jurisdicción.

Como contrapartida desde los gobiernos de Cambiemos, la utilización de las estandarizadas es la estrategia fundamental para lograr que la educación pública sea visualizada ante la sociedad como un sistema obsoleto, deficiente, ineficaz y “falto de calidad”, es someter a las escuelas, estudiantes y a lxs docentes a evaluaciones que midan sus desempeños según estándares definidos a nivel global y que responden a las necesidades de expansión del capital.

Este tipo medición les garantiza corroborar el fracaso que anuncian e impone un repertorio de aprendizajes “universales” que uniformiza la educación y degrada el trabajo de la enseñanza. Nunca evalúan todo lo que se aprende, porque siempre se realiza un recorte intencionado del currículo. Lo deseable sería tener en cuenta la relevancia social de los saberes, el contexto del alumno, de la escuela y sus trayectorias escolares.

Un sistema educativo desigual, que deshonra el derecho equitativo a la educación, no es de buena de calidad, como tampoco el que segmenta socialmente y al mismo tiempo se empeña en imponer competencias “universales” creadas en los organismos internacionales de forma no pertinente con el entorno familiar, cultural, político y social.

Si las evaluaciones no sirven para saber qué y cuántos medios está dando el gobierno a las escuelas para permitir que los docentes enseñen y los estudiantes aprendan, si no sirven para saber en qué medida se está garantizando que todas y todos los estudiantes puedan hacer aprendizajes significativos, sin discriminar por origen social, cultura familiar, género, etc., entonces… ¿para qué sirven?.

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