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*Por Eduardo López y Mariano Denegris, secretario General y de Comunicación de UTE

Una de las grandes mentiras de los gobiernos neoliberales es que vienen a reducir el Estado en favor de la libertad de los individuos. Lejos de ello la versión Neoliberal del Estado es poderosa en su rol de restaurar el poder de la clase dominante. El macrismo no es original en este punto. Quiere un Estado fuertemente armado que garantice la transferencia de riquezas de los sectores populares a unas pocas empresas o familias. No en vano el ex Ministro Esteban Bullrich utilizó la metáfora de la “Campaña del desierto educativa”. Como hace 150 años hicieron sus abuelos, los que ocupan hoy los poderes del Estado, buscan usar sus armas e instituciones para apoderarse de la riqueza que, aunque es producida por el conjunto de la sociedad, ellos consideran un derecho consuetudinario. La intención de adueñarse de todos los bienes incluye a los materiales y a los inmateriales. Un lugar central lo ocupa la lucha por el conocimiento. Apoderase de éste, como de las tierras, del modo que sea es un objetivo primordial del neoliberalismo.

Por eso les hace ruido la escuela pública, porque hace del conocimiento un derecho social y los “dueños de todas las cosas” necesitan que sea una mercancía. El centro de la Secundaria del Futuro era sacar el 5to año, desescolarizar. La lucha de la comunidad educativa logró que no se elimine 5to año.

Sin embargo, seguirán atacando el carácter público de la educación que no supone que haya una escuela de gestión privada más o menos sino que todo el sistema educativo se abra a los interese de las empresas. Eso es la mercantilización. Ni siquiera implica necesariamente que se vaya a reducir el “gasto educativo”, sino que sean las empresas educativas las beneficiarias de ese “gasto” en lugar de los sujetos de derechos. Esas empresas, muchas de las cuales pertenecen a funcionarios del mismo gobierno, venden capacitación, material didáctico, evaluaciones para estudiantes y docentes, software educativo, elaboran currículas, etcétera.

Para avanzar en este sentido necesitan barrer lo que para ellos es un escollo en el camino: la resistencia de la comunidad educativa. Estudiantes, familias y docentes. Es ese el motivo de sus esfuerzos por dividirnos o por estigmatizar a lxs trabajadorxs de la educación.

El razonamiento puede resumirse en la siguiente afirmación: “Los docentes toman de rehenes a los alumnos porque sólo les interesa su salario y no la educación, han perdido la vocación”. Los gobiernos neoliberales quieren hacerle creer a la sociedad que los docentes no queremos formarnos o rechazamos la evaluación  para encubrir sus políticas de vaciamiento de la Educación Pública. En realidad, exigimos capacitación y evaluación pero queremos sean integrales y estatales, que sirvan a mejorar el sistema educativo y no las ganancias de un grupo de empresas.

Lejos de obturar la preocupación pedagógica, la sindicalización de los docentes la profundizó. Asumirnos como trabajadores no implica dejar de sentirnos “maestros y maestras”. Supone construir esa identidad desde una decisión consciente y no desde la asepsia. Precisamente, el congreso fundacional de la CTERA en Huerta Grande en 1973, donde por primera vez se usa el término “trabajadores” para designar a una federación nacional de docentes, establece primero el proyecto educativo y después los reclamos vinculados a derechos sectoriales. Más tarde, la Carpa Blanca tuvo como objetivo central evitar la descuartización del sistema educativo que buscaba el menemismo. La misma desintegración que hoy propugna el ministro Bullrich al pretender borrar la Paritaria Nacional Docente.

Las demandas actuales de la CTERA no se limitan a planteos laborales. Involucran la necesidad de ampliar las escuelas de Jornada completa, avanzar en la universalización del nivel inicial y profundizar los acuerdos de formación docente, .área que está  siendo vaciada por el actual gobierno. También planteamos reorganizar el tiempo de trabajo docente para que los profesores puedan dedicar su tiempo a una o dos instituciones y ese tiempo contemple planificación, capacitación, producción, reflexión etc. Sin embargo, esto no genera el apetito mediático.

Esto explica la preocupación obsesiva del actual Ministro Alejandro Finocchiaro para que los sindicatos docentes no participemos del debate educativo. No sólo es falaz que reconocernos como trabajadores degrade nuestro compromiso con la educación, sino que cuanto más nos organizamos más fuerte ha sido este compromiso Sin embargo, se equivocan al creer que ese escollo está formado sólo por “los gremios”. El freno que impide hacer de la educación un mero negocio son los docentes, las familias, los estudiantes. De su unidad depende la fortaleza en la defensa del derecho.

Fuente

Enfoque Sindical

 

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